Semblanza: una vida de esfuerzo en las cumbres de Sierra Nevada
María Dolores Valdearenas Asenjo nació en Mecina Bombarón el 26 de febrero de 1959. Siendo todavía un bebé, su familia se trasladó a la sierra, donde sus padres trabajaban en el campo. Allí transcurrió buena parte de su infancia, entre los ritmos de la vida rural y los desplazamientos estacionales: cuando llegaba el frío, regresaban al pueblo desde las zonas altas de Sierra Nevada.

Fue a la escuela desde pequeña, aunque su educación quedó interrumpida por un acontecimiento que marcó a toda la familia. En 1971, su madre sufrió un grave accidente mientras se encontraba en la sierra y necesitó una larga recuperación y varias intervenciones. María Dolores, con apenas 12 años, asumió entonces responsabilidades propias de una adulta: atender la casa y cuidar de sus hermanos mientras su madre convalecía y su padre, que trabajaba fuera, regresaba para acompañarla.
Con el tiempo, y ya con la situación familiar más estable, María Dolores retomó el aprendizaje como pudo: asistió a clases particulares en horario de tarde-noche y también aprendió corte y confección. La rutina cotidiana incluía tareas exigentes: lavar en la fuente, sostener el hogar y colaborar en las faenas del campo en fincas que la familia trabajaba a renta.
En su juventud conoció a Luis Antonio Valdearenas Peña, con quien formó una familia. En aquellos años, la vida en el cortijo y la ganadería marcaron el día a día. María Dolores se familiarizó con el ordeño y la elaboración de queso, un trabajo constante que convirtió en apoyo económico para la casa: llegó a hacer varios quesos al día y a venderlos con buena salida. En el relato de su vida también aparecen momentos difíciles, como un parto prematuro y varias pérdidas gestacionales, vividas sin abandonar el esfuerzo cotidiano.
A los 29 años obtuvo el permiso de conducir, y disponer de vehículo supuso un antes y un después en la logística del trabajo. Entre la producción agrícola —como las habichuelas verdes— y el cuidado de rebaños de cabras y ovejas, el proyecto familiar fue consolidándose. En 1997, con 38 años, nació su tercer hijo.
En paralelo a esa historia de trabajo, María Dolores ha mantenido una vinculación intensa con la vida parroquial del pueblo. Ha ejercido como sacristana, participa en el coro y, desde 2023, fue nombrada Ministra Extraordinaria para llevar la comunión a personas mayores, un servicio que le fue renovado posteriormente. Ella misma resume su trayectoria con una idea constante: gratitud, fe y constancia, sostenidas durante décadas en un entorno duro y a gran altitud.
Una vida de las de antes, construida con sacrificio, familia y comunidad; un testimonio ligado a Mecina Bombarón y a la Alpujarra, donde el esfuerzo silencioso también hace historia.
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