sábado, 5 de diciembre de 2020

Manuel, un vecino de 50 años que vive en Mecina Bombarón, denuncia el rechazo social que sufre desde que su hija dio positivo por coronavirus

“Llevamos dos semanas confinados y nos hemos convertido en unos proscritos”

La vida de Manuel Iglesias y su familia cambió el pasado 26 de julio, cuando fueron confinados a causa del positivo por coronavirus de su hija Irene. Como cada día, Irene asistió a su clase de coche en una autoescuela de Dúrcal, de donde Manuel es natural. El problema llegó cuando se confirmó que en este municipio se había declarado un nuevo foco de Covid-19. La joven era una de las afectadas y, tanto ella como su familia, se confinaron en Mecina Bombarón, localidad perteneciente al municipio de Alpujarra de la Sierra.

Ese fue el punto de partida de una larga historia que empezó aquel día y, como mínimo, no acabará hasta el 18 de agosto. Es en esa fecha cuando expira la baja laboral de este padre de familia que espera volver entonces a la normalidad tras más de dos semanas “prácticamente incomunicado”. El protagonista de esta historia asegura que es un rostro bastante conocido entre los vecinos de la comarca “debido a mi profesión”, al tiempo que denuncia la situación de abandono institucional, e incluso social, que sufre desde que su familia se vio obligada a guardar cuarentena.

“En el centro de salud de Cádiar los test se hacen desde fuera del edificio, por lo que no es difícil reconocer qué personas se someten a las pruebas”, avanza al otro lado del teléfono, antes de denunciar públicamente lo que considera el inicio de una situación angustiosa. “Parte del personal sanitario del centro de salud filtró los datos de mi hija, que es menor de edad. No sé con qué intención lo hicieron ni por qué, pero el caso es que a raíz de aquello se enteraron los vecinos de Mecina”, denuncia Manuel, quien no duda en afirmar que emprenderá medidas legales contra los responsables de este hecho cuando todo esto pase.

Y es que esta circunstancia no sólo ha provocado que su familia se sienta “estigmatizada”; sino que, como cuenta, le ha imposibilitado proveerse de productos de primera necesidad tales como alimentos o artículos para la higiene personal. “Hemos ido tirando estas semanas con lo que hemos podido, con lo que había en casa, pero no puedo salir a comprar lo mínimo. Y eso pese a que sólo mi hija ha dado positivo. Si los vecinos me ven en la calle, pueden avisar a la Guardia Civil, y por eso no me atrevo a salir. No tengo a nadie cerca que me pueda acercar la compra a mi casa y la situación que estamos viviendo empieza a ser desesperante”, visibiliza mientras recuerda que “desde las administraciones no se nos ha dado ninguna solución al problema“.

Desprovisto de alternativas eficaces, este hombre de 50 años cuenta que sólo ha podido salir para abonar el huerto que ostenta y dar de comer a los animales. “Es lo único que me queda, pero cuando salgo para atenderlo, ves a la gente esconderse. Con esto te das cuenta de la naturaleza humana. Hay quien antes te saludaba y te alegrabas de ver y ahora te rehúye como si tuvieses la peste. El miedo saca lo peor de nosotros”, apostilla.

Pero no es el miedo el único factor que, según el protagonista de esta historia, ha desencadenado la coyuntura en la que se encuentran él y su familia. Manuel también apunta al Ayuntamiento de Alpujarra de la Sierra, que, según relata, ha difundido a través de la megafonía municipal su caso. Una versión que contraargumentan desde el Consistorio.

“Yo desde el primer momento intenté llevar todo esto con la máxima discreción. Pero todo empezó a torcerse cuando desde el centro de salud difundieron los datos de mi hija. Primero fue aquello y después los avisos por megafonía en el pueblo. Estamos muy mal de ánimos y de salud mental, nos hemos convertido en unos proscritos“, lamenta Manuel con un tono de voz apagado.

Este periódico se ha puesto en contacto con el alcalde de Alpujarra de la Sierra, José Antonio Gómez, municipio cuya casa consistorial se encuentra en la localidad de Mecina Bombarón. El primer edil admite que ha habido avisos por megafonía, pero en ningún caso señalando a un vecino en concreto, sino únicamente para reiterar las medidas de prevención de las autoridades sanitarias ante el Covid-19, tales como el mantenimiento de la distancia de seguridad, la desinfección de manos o el uso de mascarilla.

“Lo único que hizo el Ayuntamiento fue informar de que hay que obedecer las indicaciones de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía y las autoridades sanitarias. Pero nunca hemos señalado a nadie. Cuando ha habido casos -en Alpujarra de la Sierra se contabilizan cuatro desde que comenzó la pandemia, tres de ellos por PCR, con un fallecido y dos curados; según el IECA- hemos reproducido ese tipo de mensajes por megafonía. Pero siempre refiriéndonos a las medidas de higiene con carácter general, sin dar nombres ni señalar a nadie. Se ha hecho desde que empezó la pandemia. No hay nada personal contra esta familia”, reitera antes de remitirse al bando firmado por él mismo con fecha de 3 de agosto de 2020, en el que se explican las medidas llevadas a cabo por el Ayuntamiento y las recomendaciones sanitarias.

Tras dos PCR positivas, Irene ahora espera los resultados de un nuevo test serológico. Mientras tanto, la vida de esta familia continúa entre el señalamiento de un pueblo asustado y la sensación de que tardarán mucho tiempo en recuperarse de esta.

Fuente granadadigital.es


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